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Las especies más amenazadas en Colombia

La tortuga morrocoy, la iguana verde y tortuga hicotea figuran entre los animales silvestres más consumidos durante la principal celebración religiosa en Colombia.

Fotos: Instituto Humboldt

Bajo un sol inclemente que supera los 32 grados centígrados, decenas de personas aparecen en la vía que comunica a Valledupar con Codazzi para venderles su mecato a los conductores. Se trata de un tramo de 48,2 kilómetros rodeado por los árboles espinosos del bosque seco tropical.

La oferta gastronómica es diversa. Bollo limpio, carimañola y arepa de huevo para calmar el hambre y gaseosas y botellas de agua para hacerle el quite a la sed. Sin embargo, los vendedores también ofrecen piezas de algunas de las especies de la fauna más representativas del Caribe colombiano.

La caza de la tortuga hicotea para el consumo de su carne y huevos se presenta durante todo el año. Fotos: Carlos A. Lasso (Instituto Humboldt).

Carne de iguana y tortugas como la hicotea y la morrocoy permanecen camufladas en las neveras de icopor, mientras que los huevos de estos reptiles son vendidos de una forma que raya en el descaro: en racimos con un centenar de huevos que los vendedores se cuelgan en el cuello.

Esta venta, catalogada como ilegal por la normatividad ambiental y que puede arrojar penas de hasta 108 meses de cárcel y multas de 35.000 salarios mínimos, no es exclusiva de esta vía del departamento de Cesar: se puede ver en casi todos los municipios de la Costa Atlántica y ha logrado sobrevivir al paso de los años.

Luego de sacarle los huevos, las hembras siguen con vida. En algunas ocasiones, los cazadores les rellenan el vientre con piedras y las cosen. Foto: Andrés Acosta (Instituto Humboldt).

La comercialización de iguanas y tortugas llega a su tope durante los primeros meses del año, justo antes de la celebración de la Semana Santa. Como la tradición católica prohíbe el consumo de carne roja, la población ve en estos reptiles una opción diferente al pollo o al pescado para no caer en pecado.

La Semana Santa en Colombia es una época crítica para muchas especies de fauna silvestre, en especial reptiles como iguana verde (Iguana iguana), tortuga hicotea (Trachemys callirostris), tortuga morrocoy (Chelonoidis carbonaria) y babilla (Caiman crocodylus), todo debido al alto consumo de su carne y huevos”, dijo María Piedad Baptiste, investigadora del programa de biología de la conservación y uso de la biodiversidad del Instituto Humboldt.

La tortuga morrocoy carece de dedos visibles y solo se le ven las uñas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Según Baptiste, tres de estos reptiles lideran el ranking de los 10 animales silvestres más traficados en Colombia. Tortuga hicotea, tortuga morrocoy e iguana verde están en el top del listado, seguidas por el periquito bronceado, la lora común, la cotorra cheja, la ardilla, el tití gris, el mico maicero y algunas ranas.

La demanda de especies silvestres en Colombia tiene varias motivaciones. En el caso de los reptiles es por el consumo de su carne y huevos, una presión que aumenta considerablemente durante la Cuaresma y los días de Semana Santa; las aves, mamíferos y anfibios son para tenencia ilegal como mascotas”.

Andrés Rymel Acosta, curador de la colección biológica de herpetología del Instituto Humboldt, dijo que el consumo de estas especies de reptiles es una práctica de antaño en el país, en especial en los territorios costeños.

Una de las prácticas más usadas para cazar a las hicoteas es prenderles fuego a sus hogares. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Es una práctica histórica en el Caribe. Por ejemplo, en enero de 1967 el Inderena emitió el decreto 23 sobre la protección de la iguana por el alto consumo de carne y huevos durante la Cuaresma y Semana Santa, al prohibir su caza con fines comerciales y establecer su veda entre diciembre y mayo. Las tortugas dulceacuícolas también son consumidas desde hace tiempos remotos, en especial en zonas de Bolívar, Cesar, Córdoba y Sucre”.

En cuanto a la flora, la especie que más ha sufrido por las tradiciones religiosas en Colombia es la palma de cera (Ceroxylon quindiuense), planta que en el mundo solo habita en zonas del Quindío, Tolima y Caldas, y la cual ha servido como materia prima para la elaboración de los ramos de Semana Santa.

Sin embargo, Baptiste asegura que la palma de cera cuenta con varias iniciativas que buscan reducir su extracción, “contribuyendo así regionalmente a acciones para su recuperación. Esto demuestra que las iniciativas pueden ser efectivas cuando hay conciencia ciudadana y acción colectiva”, dijo la investigadora.

La Policía Nacional reveló en un balance de gestión que el tráfico ilegal de especies silvestres es considerado como el tercer negocio ilegal más grande y lucrativo a nivel mundial. “Según la Interpol, este tráfico genera anualmente una cifra cercana a los 17.000 millones de dólares a nivel mundial”.

En 2017, la entidad incautó o decomisó 21.127 especímenes de fauna en el país, su mayoría en los departamentos de Sucre, Córdoba, Caldas, Boyacá, Cundinamarca, Valle del Cauca y la región del Urabá. “Las especies de fauna más afectadas fueron la iguana verde (9.588), tortuga hicotea (8.121), babilla (3.537), canario (607) y oso perezoso (157), su mayoría en los departamentos del Caribe”.

Ya inició el viacrucis

El viacrucis de los reptiles ya empezó en la región Caribe. En los últimos días han sido decomisados miles de huevos de iguana en Magdalena y Bolívar. Fotos: Corpamag

Aunque este año Colombia celebrará la Semana Santa durante los primeros días de abril, el viacrucis de los reptiles ya empezó en el Caribe. En los últimos días, más de 9.000 huevos de iguana fueron decomisados en Magdalena y Bolívar: 4.300 en viviendas del municipio de Ciénaga y 5.000 decomisados en un bus que transitaba por Magangué.

En los operativos de Ciénaga, la Fiscalía General de la Nación capturó a tres ciudadanos que al parecer integran la banda de ‘Los Reptiles’, una red dedicada a la comercialización y tráfico ilegal de huevos de iguana en el Caribe colombiano.

Por estos hechos, un fiscal les imputó los delitos de ilícito aprovechamiento de recursos naturales renovables, en concurso con maltrato animal. Dos de los procesados recibieron medidas restrictivas de la libertad, ya que habían sido capturados anteriormente por conductas similares”, informó la Fiscalía.

Según el ente de control, estas personas tenían un centro de acopio de huevos de iguana para su posterior comercialización en la carretera que de Tasajera conduce a Ciénaga. “Las valoraciones realizadas por peritos ambientales revelaron que, para poder extraer los huevos, fueron necesarias al menos 300 iguanas”.

Ante el inicio del viacrucis silvestre en la Costa Atlántica, el Instituto Humboldt reveló los aspectos biodiversos e históricos más importantes de la iguana verde, las tortugas hicotea y morrocoy y la babilla, y hace un llamado a la ciudadanía para que no siga afectando su población con el consumo desmesurado.

La babilla, cachirre o babo, es considerado un cocodrilo de tamaño pequeño. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Las tradiciones y el arraigo cultural pueden causar graves impactos en nuestra biodiversidad. Por ejemplo, en Colombia las tortugas hicotea y morrocoy ya están catalogadas como especies vulnerables a la extinción. El llamado es a celebrar las fechas religiosas de una manera armoniosa con nuestros recursos naturales”, precisó Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

Educación: la clave

Para el Instituto Humboldt, la educación ambiental es clave para disminuir las presiones sobre las especies silvestres. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

El consumo de estos reptiles en el Caribe colombiano es una práctica de antaño que persiste en la idiosincrasia costeña. Aunque ha disminuido en los últimos años debido al trabajo articulado de diversas autoridades y entidades, su final pareciera no estar cercano.

Uno no debe pelear con las tradiciones ancestrales. La solución está en darle a la población otras opciones y basarse en la educación ambiental de las nuevas generaciones. Los jóvenes y niños cada día son más sensibles a los temas de la biodiversidad y el cuidado de los recursos naturales”, considera Acosta, investigador del Instituto Humboldt.

El investigador cree que los centros educativos deben fortalecer las campañas de educación ambiental, en especial de las especies de la fauna y flora colombiana que se han visto afectadas por las tradiciones ancestrales.

Si las nuevas generaciones conocen los diferentes roles que cumplen las iguanas, tortugas y babillas, esa educación ambiental va a frenar de plano ese tipo de prácticas. Más que cambiar las costumbres, la clave está en educar a la población. Así sucedió con la palma de cera, ya que hoy en día los feligreses llevan a los templos plantas vivas para bendecir en lugar de los ramos con la hoja de esta palma”.

En sus diferentes expediciones sobre biodiversidad en el país, Acosta ha visto cambios importantes en las nuevas generaciones, incluso en la región Caribe. “Muchos niños y jóvenes ya hablan de las especies más representativas de sus municipios, algo que no pasaba hace 20 y 30 años. La gente se está apropiando de la información y el conocimiento de nuestra biodiversidad”.

Para Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt, muchas comunidades no tienen más opciones que consumir animales silvestres debido a la falta de otras alternativas alimenticias.

Para Carlos A. Lasso, Investigador Senior del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, es indiscutible que existe una situación de tráfico de fauna silvestre con especies como la iguana, las tortugas hicotea y morrocoy y la babilla, debido a acciones con fines comerciales y no justificados.

El uso de los huevos, por ejemplo, más que una necesidad proteica es un capricho o costumbre transmitida de generación a generación como un producto exquisito, al igual que la carne de morrocoy e hicotea. Esto no es exclusivo de la región Caribe de Colombia, también existe en Venezuela y en otras regiones de la geografía de ambos países”.

Sin embargo, Lasso precisa que en algunos municipios y las zonas más alejadas hay necesidades en la población en cuanto a la ingesta alimentaria, algo que no ha sido cubierto por diferentes razones y por lo cual las comunidades hacen uso de las especies silvestres.

La pesca de subsistencia en algunas regiones impactadas no es suficiente para cumplir esa demanda alimentaria, lo que los obliga a consumir especies silvestres como fuentes de alimento. En el caso de la hicotea a veces se da su captura por necesidad y otras por costumbre”.

El investigador del Instituto Humboldt considera que sí es posible armonizar ambos panoramas. “Por ejemplo, se pueden hacer controles dirigidos en ciertas épocas con algunas vedas para disminuir el consumo de los huevos. Además de fortalecer la parte educativa en las comunidades, hay que buscar alternativas productivas que pueden ser con fuentes vegetales o animales basadas en la piscicultura y la cría de especies nativas, no exóticas”.

Fuente: Instituto Humboldt

Marzo 17 de 2021

Escrito por en 17 marzo, 2021. Archivado en ACTUALIDAD,REGIONES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.