Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

Hervidas y cercenadas: la agonía de las tortugas hicoteas

La tortuga hicotea, con un cuerpo de 35 centímetros, era uno de los animales más adorados por las comunidades indígenas del Caribe. 

Foto: Mónica A. Morales (Instituto Humboldt).

Una tortuga de 35 centímetros con manchas negras y líneas amarillas y rojizas y un caparazón verde brillante con cinco escamas vertebrales, ocho costales y 24 marginales, era uno de los reptiles más adorados por las comunidades indígenas del Caribe.

Según la Fundación Omacha, los zenúes y malibú, indígenas que habitaron en la región del San Jorge y La Mojana, le rendían culto a la tortuga hicotea (Trachemys callirostris), reptil también conocido como icotea, jicotea, galápago o morrocoy de agua.

La consideraban portadora de gran energía y longevidad. Debido a la resistencia y dureza con que enfrenta su entorno natural, los indígenas catalogaban a los hombres de la región como hombres-hicoteas”, cita una cartilla sobre tortugas de Omacha.

La hicotea está cubierta por varios mitos de antaño. La fundación revela que muchos pescadores creen que soñar con una de estas tortugas atrae la escasez de dinero durante mucho tiempo. “Esta idea está relacionada con los movimientos lentos que tiene esta especie a la hora de desplazarse por ambientes terrestres”.

Otros pescadores de la Colombia anfibia manifiestan que hay una estrecha relación entre las hicoteas y las serpientes, “siendo estas últimas las protectoras de las tortugas frente a cualquier depredador o factor que represente una amenaza en el medio natural”, asegura Omacha.

Esta tortuga es única de Colombia y Venezuela, es decir endémica para ambos países. Actualmente se reconocen dos subespecies: Trachemys callirostris callirostris (hicotea colombiana) y Trachemys callirostris chichiriviche (hicotea venezolana).

En Colombia habita en las cuencas y humedales del Caribe y Magdalena, en departamentos como Antioquia, Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Cundinamarca, La Guajira, Magdalena, Santander y Sucre.

Tortuga hicotea. Foto Mónica A. Morales (Instituto Humboldt).

La veneración de los indígenas y los mitos y leyendas de esta tortuga de cabeza grande y hocico cónico disminuyen a pasos agigantados por las múltiples amenazas que enfrenta, como el alto consumo de su carne y huevos por parte de la población costeña.

En las ciénagas, humedales y relictos del bosque seco del Caribe, los cazadores siempre están al acecho de estas tortugas para vender sus partes en el mercado negro o en las principales vías de la costa. Lo primero que hacen es prenderles fuego a las zonas boscosas, para que las tortugas salgan de su refugio.

Cuando las atrapan, las hicoteas son víctimas de crueles maltratos por parte de sus captores. Son puestas vivas en ollas y platones con agua hirviendo, una práctica realizada para aflojar la poca carne que tienen. El paso a seguir es aún más nefasto: con seguetas le retiran el caparazón, las asierran vivas y les extraen la carne para venderla.

Esta práctica tiene su mayor tope en los meses y días previos a la Semana Santa. “Como la población católica no consume carne roja en la Cuaresma, las hicoteas representan una mayor ganancia para los cazadores y comerciantes. Sin embargo, su captura permanece activa todo el año, una práctica que data desde hace siglos”, informó Acosta, el curador de la colección biológica de herpetología del Instituto Humboldt.

Ilustración de una tortuga hicotea, un animal sagrado para los indígenas del Caribe. Fuente: Instituto Humboldt.

Los caparazones de las hicoteas representan amuletos de la suerte para los pescadores. Según Omacha, algunos creen que atrae la abundancia y prosperidad, tanto así que lo usan como elemento decorativo en la puerta principal de sus viviendas.

La cabeza es usada como reliquia en las cocinas, colgada del techo justo al lado del fogón, de tal modo que el humo procedente de este cree contacto directo con los restos. Esta práctica es empleada para generar buena suerte a la hora de cazar hicoteas para el consumo”.

Para Acosta, su excesivo consumo se debe a que muchos habitantes del Caribe consideran a su carne como un manjar exquisito y con poderes afrodisíacos. “Dicen que la carne de las hicoteas otorga salud, algo que se torna aún más crítico durante la Cuaresma por la prohibición del consumo de carne roja”.

Durante todo el año, los cazadores merodean por los humedales para capturar a las hicoteas. “Son especialistas en identificarlas en el agua. Otras prácticas que utilizan son quemar los pajonales, que afecta tanto a los adultos como a los huevos de los nidos, y la desecación de las ciénagas. Ante esto, esta especie es cada vez más escasa y hoy en día está casi amenazada”.

El investigador del Humboldt manifestó que la carne de esta tortuga es utilizada para hacer sopas. “Las manos y patas son vistas como vísceras. Estos caldos son llamados en la región como levanta muertos, ya que consideran que cura varias enfermedades”.

La más consumida

Cría de tortuga hicotea en las orillas del río Sinú. Foto: Mónica A. Morales (Instituto Humboldt).

La hicotea es una especie omnívora y semiacuática que tiene dos temporadas de postura al año: de diciembre a mayo y de julio a agosto, épocas en las que también se incrementa su captura para vender los huevos.

Las tasas de eclosión y tamaños de las posturas son muy variables: de uno a 25 huevos, con un promedio de nueve a 11”, revela el Libro Rojo de reptiles de Colombia, elaborado por el Instituto Humboldt y otras entidades.

En el bajo río Sinú y en la Depresión Momposina, la anidación ocurre en verano, desde diciembre a mayo, y también durante el veranillo, desde julio a agosto. Las hembras normalmente anidan cerca de la orilla en suelos húmedos y con vegetación herbácea.

El promedio del tamaño de las hembras en poblaciones con mayor depredación humana es menor. Hay una hipótesis de que las hicoteas del norte de Colombia hoy en día son más pequeñas que en años anteriores debido a las tasas elevadas de explotación”, indica el libro Biología y conservación de las tortugas continentales de Colombia del Instituto Humboldt.

Su reproducción efectiva le ha jugado en su contra. Según el documento, los adultos son capturados activamente todo el año empleando varias técnicas para cosecharlos, en especial durante la época de anidación, cuando las hembras salen a poner sus huevos.

Las cifras sobre la tasa de cosecha humana son astronómicas. Se estima que más de un millón de hicoteas son cosechadas anualmente solamente en la región de La Mojana en Sucre. En el norte de Colombia, al parecer solo el 30 por ciento de los adultos cosechados son consumidos localmente y la mayoría de los individuos son transportados a los mercados de las grandes ciudades”.

En Sucre se ha documentado que la mitad de todos los ciudadanos participan en actividades relacionadas con la cosecha y captura. “Los 90 cazadores o comercializadores de tortugas en el municipio de Caimito tienen capacidad de procesar 13.644 hicoteas en una estación reproductiva, indicando una tasa de extracción de 150 tortugas por persona en solo cinco meses”, asegura el libro.

La hicotea, una especie omnívora y semiacuática, es el animal silvestre más consumido en la región Caribe. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Otros estudios sobre la hicotea estimaron que la extracción en toda la costa Caribe de Colombia en un año se aproxima a dos millones de tortugas. “Al hacer el seguimiento de cinco de los 15 cazadores, en la época de lluvia extrajeron aproximadamente 173 hicoteas y 352 en la época de sequía”.

Las afectaciones de este reptil no se limitan a la caza para consumo. La alteración de su hábitat, como ciénagas y otros cuerpos de agua dulce similares, lo tiene en grave peligro. “En los últimos 20 años, la cuenca del río Magdalena ha presentado una transformación del 56 por ciento, como la desecación de los humedales y los impactos de los proyectos hidroeléctricos”, informa el Libro Rojo.

Este abanico de impactos y golpes certeros tienen a la tortuga hicotea en una carrera contra reloj. En Colombia ya fue catalogada como una especie vulnerable a la extinción debido a la reducción mayor o igual al 30 por ciento en las últimas tres generaciones, una estampa que podría pasar a en peligro si sus verdugos continúan cazándola y consumiendo su carne y huevos.

La contaminación ambiental y la alteración del hábitat también afectan la distribución y abundancia local de sus poblaciones. “Por ejemplo, los proyectos hidroeléctricos pueden alterar el ciclo hidrológico normal, mientras que las quemas de los pastizales durante la época reproductiva matan a las hembras y destruyen los nidos”, cita el libro Biología y conservación de las tortugas.

Esta tortuga dulceacuícola, que se alimenta de peces pequeños, invertebrados, anfibios, reptiles e incluso aves, cumple varios roles ecosistémicos. Según Acosta, es fundamental en la cadena trófica de los ambientes dulceacuícolas, ya que controla las poblaciones de ciertos animales.

Le sirve como alimento a otros y jala los nutrientes del agua hacia los ambientes terrestres cuando se reproduce. Por tratarse de una especie endémica, si llega a desaparecer va a afectar a todo el ecosistema”.

Fuente: Instituto Humboldt

Marzo 17 de 2021

Escrito por en 17 marzo, 2021. Archivado en REGIONES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.